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Antigua fábrica textil convertida en un moderno y luminoso showroom

Publicado en Casas - Tiendas y oficinas por Marta Sanz

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Aprovechando nuestro viaje a la Feria del Diseño de Kortrijk, quisimos visitar una de las sedes de Casalis, donde esta firma belga expone sus últimas creaciones textiles (algunas ya han salido en Decoratrix). Aunque parezca mentira, este viejo y destartalado edificio de finales del siglo XIX que se ve en las fotos se ha convertido en un moderno y luminoso showroom. Además de disfrutar de los nuevos diseños de Casalis, nos quedamos "boquiabiertos" con el excelente trabajo de rehabilitación que se ha llevado a cabo en esta vieja fábrica textil.

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Y aprendimos un poquito de Historia. Nos contaron que allá por 1890 este edificio estaba destinado a la fabricación de damast de lino, un tejido utilizado para confeccionar manteles y ropa de cama. En su interior la actividad era constante como en otras muchas fábricas de Kortrijk, ciudad que por aquella época era famosa por su industria textil. Esto –nos explicaron– definió algunas de sus características arquitectónicas originales. Por ejemplo, por qué su cubierta a dos aguas estaba cerrada por un lado y abierta, con ventanas orientadas hacia el sur, por el otro, de manera que el interior recibía luz pero nunca una luminosidad intensa o demasiado calor. Esto se debía a que los tejidos son muy sensibles a la luz directa del sol.

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A finales de 2007 se produjo el cambio. Casalis, firma de alfombras de diseño hechas a mano, compró el edificio y los arquitectos Goedefroo & Goedefroo recibieron el encargo de convertir la vieja y oscura fábrica en un lugar ideal para la creatividad. Así nació este blanquísimo showroom que la firma utiliza también como almacén. Y en el que se dejaron algunas huellas del pasado, como las líneas amarillas del suelo por donde se cruzaban las carretillas con los tejidos.

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Tras la reforma, el edificio, oscuro y privado de cualquier vista al exterior, no sólo ganó amplitud y luminosidad, sino también unas espléndidas vistas al canal de Kortrijk. Parte de los espesos muros de ladrillo se sustituyeron por grandes superficies acristaladas que aportan claridad. La luz siempre da vida: cuánta más luz percibimos menos estresados y deprimidos nos sentimos.

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Parte de su encanto se debe a un interior muy cuidado, en el que existe un invisible pero patente flujo de energía, transformado en estancias despejadas que respetan la circulación en zonas de paso y accesos. El suelo, de cemento pulido, se convierte en un gran lienzo donde descansan alfombras, cojines, sillones... Cuando la luz solar se apaga, unos focos incrustados en el pavimento se encargan de iluminar el imponente muro de ladrillos que se ha mantenido en pie.

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Junto a la antigua fábrica existía un pequeño edificio destinado a la producción de energía para hacer funcionar las máquinas de tejer que consistía en un motor impulsado por carbón. Hoy es un maravilloso loft que, por su blancura y luminosidad, nos dió la sensación de que estábamos entrando en el "Apartamento en las nubes" en el que estuvimos alojados y que ya salió en el blog. Sobre el blanco inmaculado del suelo destacan los llamativos diseños de Casalis.

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