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Mi mesa puesta de Nochebuena

Publicado en Ideas decorativas - Vajillas y mesas puestas por Carmen Menesteo

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Ha llegado el gran día, o mejor dicho, la Gran Noche. Si estás agobiada porque no sabes cómo poner la mesa, ni qué usar para adornarla, te voy a enseñar lo que he puesto yo en mi casa, con lo que tenía guardado y bien guardado en los armarios. Me di cuenta de que, rebuscando aquí y allá, mezclando e inventando un poco, no tenía que comprar absolutamente nada.

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Bueno, falso, sólo compré una cosa. Y es que no tenía servilleteros suficientes. Me pateé medio Madrid y fui a cuanta tienda, cara y barata, encontré. Los servilleteros costaban una media de 3 € cada uno, por diez personas que somos para cenar... 30 €. ¡Ni hablar! Así que me acerqué a Sia (especialistas en flor sintética), compré unas ramitas de hiedra y me hice estos improvisados servilleteros, que me salieron por 10 €. El mantel es una tela de Ikea que compré por metros y rematé, pero como no le hice servilletas, puse unas de papel grueso, para que tuvieran más prestancia. Los platos cuadrados son de Studio Nova, aunque no tenía suficientes. Los combiné con la vajilla blanca heredada de mi suegra. Los cubiertos, eso sí, todos a juego. Ya hace tiempo empecé a comprar la cubertería Sydney de WMF, que tiene la ventaja de que la puedes adquirir pieza a pieza.

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Como casi todo el mundo, no tengo copas de vino blanco y vino tinto para diez comensales, así que puse unas copas labradas de Cristal d'Arqués, con unas de Bohemia que compré hace años en un outlet. De la misma forma que mezclar cubertería da un pésimo resultado estético, mezclar copas queda muy divertido, incluso, si cada copa es de un juego y color diferentes. Sin embargo, para unificar, traté de que todo fuera blanco, negro y transparente. Las velitas (que se autoconsumen y no desprenden cera) y el pequeño portavelas son de Caprichos Daneses, sobre las que coloqué una cartulina roja de cierto grosor y escribí los nombres de los comensales con un rotulador plata. A mí me gusta colocar a la gente, ya sabéis, hombre-mujer-hombre..., evitando que los matrimonios queden juntos y, por otro lado, uniendo a personas afines. No hay nada más incómodo que buscar asiento en una mesa. Por supuesto, siguiendo la Ley de Murphy, seguro te toca con la persona que menos te apetece. Para evitarlo, estamos las anfitrionas, que pensamos justamente en eso.

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Este es un detalle que utilizo mucho: suelo poner un platito (comprado en los chinos, confieso), para que el comensal pose ahí los cubiertos. Así evito que el mantel se manche innecesariamente y me parece que es más cómodo para el invitado tener un cuenco auxiliar a su lado. Incluso, hay quienes lo usan de cenicero, para mi estupor, pero yo, como buena anfitriona, les permito todo.

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Yo no tengo hielera para el vino blanco, así que buscando dónde poner el vino para no cruzar el pasillo cien veces hasta la nevera, encontré este jarrón de boca ancha. Piqué hielo en la Thermomix (aunque con la Minipimer también puedes hacerlo) y le hice un cómodo lecho de hielo frappé que duró toda la noche.

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Una de las cosas que hay que evitar en una mesa es poner demasiados cachivaches encima, pero a veces es imposible. Como tengo un montón de cuencos y tarritos que he ido acumulando, decidí poner todas las salsas, aliños, sales y el aceite en ellos, sobre una fuente plana y grande. Así todo queda a mano y no anda desperdigado sobre la mesa.

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He de confesar que soy muy tacaña con las velas, que todas las que me regalan y, en especial, esos magníficos velones que mi amiga Paula me trajo de Bélgica hace años, los tenía en plan decoro en una estantería. Este año decidí que era el momento de prenderles fuego, literalmente. Los puse sobre una fuente plana y los coloqué en una esquina de la mesa. A la hora de la sobremesa, cuando los fumadores empiezan a trabajar, las velas limpian el aire y se respira mejor, sobre todo en invierno, que abrir una ventana es causa de protestas y alaridos.

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Mi sentido práctico organizatrix me impide poner de postre turrones y mazapanes... y eso que me gustan, pero después andan tres semanas rondando por la casa. Francamente, prefiero comerlos en mesas ajenas. No me compliqué la vida y, como la Preysler, me lancé al Ferrero Rocher, cual señora de  embajador, y a unos maravillosos nevaditos. También puse unos bombones helados Magnum, pero esos no llegaron a la foto.

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Cuando llega la hora de poner el café, siempre me vuelvo loca (¿cómo hacen los camareros?): taza grande, taza media, café con hielo, solo, cortado... Preparé con antelación las tazas pequeñas de Nescafé, una edición especial que lanzaron para promocionar el café de Tarrazú, Costa Rica, que es el  que se toma en casa. Están decoradas con hojas de heliconias y tienen el tamaño exacto. La cafetera es de Seletti, y siempre causa sensación. Una fuente plana y redonda (¿van cuántas?), de Caprichos Daneses, me sirvió de bandeja y puse un punto de color a tanta decoración black&white.

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Y ésta soy yo, o parte de mí, llevando la fuente-bandeja, a juego con mi vestido de seda, fríamente calculado para la decoración. Os preguntaréis, a estas alturas, cómo hemos podido fotografiar mi mesa de Nochebuena, 24 horas antes de la cena. Pues, porque la ocasión se merece un ensayo general... ¿Qué os puedo decir? Es mi naturaleza Organizatrix. Feliz Navidad, decoratrixes y decoratroxes... Fotos: Decoratrix.

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