Una vivienda luminosa y diáfana en Barcelona

Los conocidos interioristas Egue y Seta son los autores de la remodelación de esta vivienda luminosa y diáfana ubicada en el corazón del barrio barcelonés del Born. Pertenece a una pareja parisina que en cuanto tiene ocasión se escapa a la Ciudad Condal para respirar la brisa del Mediterráneo. Después de diez años disfrutando de inolvidables momentos en esta ciudad, cayeron en la cuenta de que a la larga resultaba más rentable invertir todo el dinero gastado en impersonales habitaciones de hotel, en un segundo hogar que se adaptase a sus necesidades. La casualidad hizo que la vivienda soñada de esta pareja apareciese en su camino, y se debe a estos diseñadores barceloneses el mérito de haber transformado un piso convencional de 78 m² en este versátil interior.

En la nueva distribución, cocina, salón y comedor comparten el mismo espacio. Para conseguir esta amplitud ha sido necesario derribar molestos tabiques y algún que otro muro de carga, cuya función sustentante se suple con una potente subestructura de vigas metálicas, que pintadas de blanco se mimetizan con el techo abovedado.

La madera es el pavimento elegido para la zona de estar, mientras que el área de la cocina se independiza mediante unas elegantes baldosas hexagonales. La calidez y la funcionalidad caracterizan al mobiliario del comedor y de la cocina, en los que domina también la madera. Además de este material, unas sabias pinceladas de negro en la encimera, las sillas, los taburetes... contribuyen a unificar ambos ambientes.

Limitar el número de dormitorios a dos (el principal para los propietarios y un segundo para invitados ocasionales) fue otra de las decisiones que ayudó a conseguir la sensación de espaciosidad que caracteriza a esta vivienda. Como se trata de estancias menos luminosas, el pavimento de tarima flotante de madera tiene un tono más claro que en las zonas comunes de la casa.

Para recubrir las paredes se ha optado por papel pintado, azulejo, ladrillo visto... Un gradiente de luz cálida, que se derrama desde el techo, enfatiza la presencia de estos acabados en toda la vivienda. En el dormitorio principal, el diseño de la iluminación lineal indirecta se utiliza también para enmarcar el cabecero. La iluminación artificial se refuerza con dos lámparas colgantes que sustituyen a las de las mesillas.

Para preservar la necesaria privacidad, cada uno de los dormitorios cuenta con su propio baño. En uno de ellos, se repite el pavimento de baldosas hexagonales, aunque esta vez en color blanco, ya que este espacio no cuenta con luz natural. Junto a ellas, los azulejos colocados de forma oblicua de las paredes añaden una nota diferente y personal. En la ducha se ha jugado con el doble degradado de la iluminación y de las tonalidades del alicatado. Las superficies recubiertas de espejo multiplican la luminosidad de este espacio. Una segunda residencia que a muchos nos gustaría tener como primera. Fotografías: Vicugo Foto.